divendres, 11 de gener de 2013

‘La symphonie des 13 cépages’, a Selectus Wines



En el tercer número de la revista de prestigi Selectus Wines (http://www.selectuswines.com/), corresponent als mesos de gener, febrer i març d'aquest 2013, signo un ampli reportatge, fruit d'un intens viatge, de Châteauneuf-du-Pape:

‘La symphonie des 13 cépages’



RAMON FRANCÀS
Châteauneuf-du-Pape

Cuentan que hay tierras tocadas por la mano de Dios donde el fruto de las vides se convierte en una bendición. Entre estas tierras ‘elegidas’ por mano divina no puede dejarse de contar con Châteauneuf-du-Pape, una de las Appellation d'Origine Contrôlée (AOC) francesas de mayor trayectoria y prestigio planetario, una zona situada a cuatro horas de Barcelona. Intensidad, equilibrio, autenticidad y rusticidad, elegancia y frescura excepcional definen unos divinos vinos donde se domina y disimula una notable corpulencia y tanicidad y una alta graduación alcohólica. Son vinos marcados por la puissance, o sea, por su fuerza y potencia. Cuentan que los templarios ya cultivaron viñas en este precioso lugar en el siglo XII, mucho antes de que los papas de Aviñón los apreciaran. Pese a ello, se atribuye al pontífice valenciano Juan XXII (el papa Luna) la plantación de los actuales viñedos de la AOC Châteauneuf-du-Pape, que ocupan unas 3.200 hectáreas. Los rendimientos no pueden superar los 35 hectolitros por hectárea. Antes que en otras zonas galas, los vinos de Châteauneuf ya se sometían a rigurosos controles de calidad, reglamentados en 1923 por el barón Le Roy de Boiseaumarié. La AOC fue legalmente reconocida en 1931. Destaca por la variedad de suelos, desde los calcáreos y arcillosos a los arenosos o los dominados por sus famosos cantos rodados (cailloux)
            A pesar de que sus vinos se conocen por la sinfonía resultante del assamblage de 13 variedades de uva (6 de ellas blancas), en los jardines de viñedos meriodionales de la valle del caudaloso Ródano se llegan a cultivar y a conjugar  las variedades grenache noir, mourvèdre (hay quien defiende que no es exactamente la misma variedad que la monastrell española), syrah, cinsault, vaccarèse, picpoul noir, counoise, terret noir, muscardin, grenache blanc, clairette blanche y rose, picpoul blanc, roussanne, marsanne, bourboulenc, picardan… Destaca muy especialmente la garnacha tinta, que aporta potencial aromático y riqueza de matices, con notas a cassis, kirsh, regaliz o frutas carnosas de hueso como el albaricoque o las ciruelas.
            El gran experto vitivinícola y escritor Mauricio Wiesenthal recuerda que “los conocedores del vino saben que algunos de los mejores tintos del mundo proceden, desde la antigüedad, del viñedo mediterráneo. Viril y fogoso, el Ródano baja por el mediodía francés hacia el sur en busca del sol. En sus dos orillas se extienden los famosos viñedos, reconocidos como los más antiguos de Francia, que dan vinos excepcionales”. Yo añadiría que en Châteaneuf también se elaboran memorables blancos capacitados para un notable envejecimiento.
            Recientemente he tenido oportunidad de visitar en profundidad algunas de las bodegas punta de lanza de Châteauneuf-du-Pape, donde la tradición más acérrima y una cierta modernidad bourguiñona conviven de forma harmoniosa. Junto a la justa medida en la utilización de la madera en viejos o muy viejos fudres, se encuentran fermentaciones en cemento, depósitos cerámicos, barricas o depósitos de acero inoxidable. La agricultura ecológica y la biodinámica ganan enteros en un Châteaneruf-du-Pape de viticultura modélica donde hay quien también se decanta por la lutte raisonnée (la lucha razonada) y donde triunfan las fermentaciones con levaduras autóctonas (indígenas) y la escasa utilización de sulfuroso. Pocos filtran sus vinos.

Domaine du Banneret


Entre el modelo más tradicional he conocido el Domaine du Banneret de Jean-Claude Vidal (de 73 años y descendiente directo de los propietarios de unos viñedos ancestrales situados en diversas parcelas de las viejas ruinas del castillo de los papas de Aviñón). Lleva 22 años utilizando levaduras autóctonas y nunca ha tenido ningún problema de fermentación. Vende sus vinos en su desvencijada bodega entre los 30 euros de la añada del 2009 a los 150 euros de la de 1990. Son vinos de gran guarda, complejos, redondos, donde la fruta madura confitada (roja y negra) se funde con las notas a regaliz, hinojo, monte bajo (en infusión), cacao, cuero y establo. Incluso elaboran un marc (destilado que vende a 35 euros). La hija de Jean-Claude Vidal, de quien su madre destaca su buen atino olfativo, podría dar continuidad a este proyecto vitivinícola.

Château Rayas


No menos clásica es una de las firmas más míticas del mundo, el Château Rayas de Emmanuel Reynaud. Es un viticultor y autor de vinos directo, recto, incisivo, apasionado y con las ideas absolutamente claras. Muestra un semblante y una actitud que ralla la antipatía. Es, sin embargo, un hombre apasionante que empieza la visita a su propiedad mostrando a pie las particularidades de unas viñas arenosas y arcillosas rodeadas de bosques. Es un terroir excepcional, con unas viñas enamoradizas excelentemente trabajadas y moldeadas. Emmanuel se hizo cargo en 1997 de los domaines (Château Rayas, Château de Fonsalette y Château des Tours) tras la súbita muerte de su tío Jacques Reynaud. Rayas es un pequeño domaine  de diez hectáreas de viñas entre unos bosques en los que discurre acanalado el aire. Sus suelos son muy arenosos y pobres. De ellos se obtienen vinos con mucha finura a partir de las variedades garnacha tinta, syrah o de la blanca clairette. Con Emmanuel tuve la suerte de catar garmachas y syrahs de sus viejos fudres y, lo que es más importante, bebí de su filosofía. Asegura que lo verdaderamente importante es “la sensibilidad de cada persona”, y que el trabajo relevante es el que se realiza en la viña más que el que se desarrolla en su lúgubre bodega. Eso sí, no tiene duda alguna de que “cada tierra tiene una historia a explicar”. También considera que es “una gran estupidez” afirmar que la acidez aporta frescura a los vinos. Sus garnachas son minerales, especiadas (pimienta, clavo y cardamomo), frutales (frutillas rojas y negras) y florales, con potencia alcohólica pero frescas, sedosas y finas. Caté la soberbia garnacha de Rayas, la gran garnacha de Pignan y las interesantes garnacha y sirah de Fonsalette. Caté, y me emocioné.

La Vieille Julienne


También muy buenas sensaciones me ha despertado una visita a La Vieille Julienne, un privilegiado domaine adquirido en 1905 por el bisabuelo del actual propietario, Jean-Paul Daumen. Cuentan con diez hectáreas en Châteauneuf-du-Pape y otras cinco en Côtes du Rhône (Lieu-dit Clavin). Su blanco de clairette blanche, marsanne i bourboulenc del 2010 presenta estructura, cierta grasa (el contacto con las lías también busca proteger de la oxidación), notas a manzana al horno y hinojo y cierto ataque alcohólico (14,3º). Su garnacha (80%), cinsault, (10%), syrah (5%) y mourvèdre (5%) del 2010 de Côtes du Rhône muestra una buena extracción de color i gran carga frutal mientras que su garnacha (70%) con cinsault del 2009 de Châteauneuf-du-Pape es redondo pero aún tánico. Destaca también por su fruta y, sobretodo, por su frescura. Pero si algún vino me ha impactado en La Vieille Julienne este ha sido la añada del 2006 de su Réservé. Es un tinto que se sitúa entre los 200 y los 500 euros y que es un pura raza. Se muestra muy abierto ya desde un primer momento, presentando notas a ciruelas pasas, regaliz, frutillas rojas y negras y una muy buena acidez. Me entusiasma su profundidad y su gran elegancia. Se cría durante 12 meses en foudres y alcanza los 16,5º. Buscar el estilo y el gusto de la casa apostando por el terroir y con vinificaciones lo más naturales posibles es la principal filosofía de Jean-Paul Daumen. No es de extrañar que alguna de las añadas de su Réservé hayan sido premiadas con 100 puntos Parker.

Clos des Papes


‘Le temps est argent. L’exactitude est la première qualité de l’ouvrier consciencieux. Remarquez! Ce sont toujours les mêmes qui arrivent en retard’. La frase, que no tiene desperdicio, se puede leer en un cartel del bisabuelo del actual propietario y recibe a los visitantes en la bodega Clos des Papes. Eran otros tiempos. Hoy se trata de un proyecto puesto al día que ha incorporado cierta mentalidad borgoñesa –se busca la elegancia refinada por encima de la musculosidad y potencia- tras tomar Paul-Vincent Avril (descendiente de una saga familiar de bodegueros que se remonta a principios del siglo XVII) las riendas del domaine de la avenida Pierre de Luxembourg de Châteauneuf-du-Pape. Es una marca que ha ganado gran relevancia internacional, especialmente desde que la prestigiosa revista Wine Spectator situara en 2007 a la añada del 2005 de su tinto encabezando su Top 100 con 98 puntos y un precio de 80 dólares (ocupó en 2010 el décimo lugar de la lista con la añada del 2009 de su gran blanco, que obtuvo 95 puntos y un precio de 75 euros). Paul-Vincent Avril trabaja con la obsesión de respetar al máximo su terroir y en su bodega trabaja por gravedad. Utiliza desrapadora, intercambiadores de frío, depósitos cerámicos y foudres. Realiza suaves prensados con una prensa neumática y la fermentación maloláctica se practica en las cubas, utilizando el carbónico residual como protector natural de sus vinos No utiliza la técnica del pigeage (remover el sombrero durante la fermentación) ni la del delastage (extraer el mosto del depósito y luego añadirlo de nuevo con el fin de romper el sombrero y maximizar la extracción). Los remontajes se realizan durante 15 minutos dos veces al día. Su producción se sitúa en torno a las 70.000 botellas (10% vinos blancos). Se llegan a rendimientos de 20 hectolitros por hectárea. Un 80% de su producción se exporta a unos 35 países de todo el mundo.
            Caté de sus foudres vinos tintos con diversos cupajes (grenache, mourvèdre y syrah) que luego ensambla. Se hace evidente el carbónico residual pero también la fruta madura, la carnosidad, la golosidad, la regaliz, los frutos rojos y negros, las notas florales… También caté algunas de sus añadas en la informal pero divertida sala de catas de su bodega. La añada del 2008 es floral, con notas a frutas rojas (cerezas y frutas del bosque) y a hierbas aromáticas de monte bajo en infusión (camomila y tomillo). La añada del 2005 es perfecta, redonda, hedonista, equilibrada, elegante, de taninos sedosos y fresca aunque algo cerrada inicialmente. Cuando caté la muestra del 2010 (en mayo) solo hacía tres semanas que había sido embotellada: es un vino tánico, de marcada acidez, explosivo y con notas a ciruelas pasas (15,9º). La añada del 2009 me gustó también mucho, pese a también mostrarse cerrada. Es una buena añada que destaca por las notas a regaliz. Más me emocionó, sin embargo, la añada del 2006. Es un vino de alta concentración, tánico, con notas a cerezas en licor y con una gran frescura. Es un vino con gran recorrido, muy interesante. También tuve la suerte de catar la añada de 1990 (elaborada al 100% con rapa: parte herbácea que contiene taninos, potasio, calcio y agua). Fue el tercer millésimé elaborado por Paul-Vincent Avril. Es un vinazo con notas a regaliz, mineral y con una frescura mentolada absolutamente sorprendente. No menos impactantes encontré sus blancos. Paul-Vincent Avril me dio a catar tres añadas para mostrar su señorial dignidad envejeciendo y transformándose. Toda una lección. La añada del 2011 es muy frutal (melocotón de agua y pera) con toques florales, a miel y minerales. La añada del 2009 se ofrece más floral (infusión de camomila) y con más frescura, pese a las notas a miel. La del 2004 sorprende por sus hidrocarburos (petróleo) pero también por sus notas a miel, por su mineralidad y por una frescura excepcional. La cata de blancos concluyó con la añada del 2001, donde las notas minerales (yodo) y la elegancia destacan de forma remarcable. De Clos des Papes me gusta incluso su Vin de France: Le petit vin d’Avril.

Chêne Bleu


“La tradición del Rhône en el marco de una perspectiva innovadora”. De esta forma se presenta el moderno proyecto vitivinícola Chêne Bleu, que cuenta con viñedos familiares y una residencia de lujo en un marco absolutamente impresionante, el de los calcáreos Dentelles de Montmirail (Provenza), que recuerda en parte a algunos rincones de la sierra de Llaberia, en la DO Montsant. Al frente de la dirección de marketing y de desarrollo del proyecto de Chêne Bleu se encuentra Nicole Sierra-Rolet, quien también preside la asociación internacional Grenache Symposium.  En Chêne Bleu (el roble azul) buscan elaborar vinos de “excepción” con un respeto absoluto por la naturaleza. Persiguen crear vinos naturales, elegantes y complejos. En su bodega caté su fresco y cítrico Viognier 2010, que presenta notas a frutas exóticas (litchi); su Astralade 2008 (un tinto de garnacha y syrah algo ligero y delgado de una añada complicada que se ofrece por 16 euros) y el corpulento pero frutal y fresco Héloïsse 2006 (en su assamblage domina la syrah con un 80%, y se redondea con garnacha).

Clos de Trias


Mi periplo por tierras provenzales lo cierro con los vinos del interesantísimo proyecto Clos de Trias (AOC Ventoux) de Even A. Bakke. De sus viejos y calcáreos viñedos con fósiles nacen vinos tan interesantes como su Vielles Vignes 2007, un tinto muy balsámico, corpulento y elegante que vende a 25 euros la botella desde las últimas fiestas navideñas. Destaca por sus notas a ciruelas pasas y a tapenade de olivas negras. Se elabora con garnacha y un toque de syrah. También caté su tinto de precio ajustadísimo (8,50 euros) Clos de Trias 2008, elaborado con garnacha (75%), syrah (20%), carignan y samsó. Pero de los vinos de Even A. Bakke, de raíces noruegas, me quedo sin lugar a dudas con un vino dedicado a los jabalíes que diezman parte de su producción: Pied Porchier 2007, nacido en una parcela de altura de encaración norte. Su producción solo alcanza las 2.200 botellas, que ofrece a 45 euros. Es un tinto hedonista de garnacha, mineral, con notas a ciruelas y a unas maravillosas rosas salvajes.


Vinyes Domènech, en el corazón de Châteauneuf



Vinyes Domènech de Capçanes (DO Montsant) se convirtió en mayo en la primera bodegas catalana y española en presentar sus vinos ante los productores de la AOC Châteauneuf-du-Pape. Se presentaron en el tradicional auberge provenzal La Mère Germaine, que dirigen con pasión André Mazy i Guillaume Dalverny y donde el vino tiene un papel capital. La presentación de los vinos de Vinyes Domènech en el corazón de Châteauneuf-du-Pape, entre los que destaca su hedonista garnacha peluda Teixar 2009 (95 puntos Parker), contó también con una exposición del artista contemporáneo Stephan Venekas y una actuación de jazz en vivo del grupo Jazz Mix Quartet de Salon Beaumes. El propietario de Vinyes Domènech y presidente de la asociación catalana Terra de Garnatxes, Joan Ignasi Domènech, subrayó las características geológicas, microclimáticas y ampelograficas que hacen único su proyecto ubicado al pie de la cordillera de la Llaberia, un paisaje que recuerda de forma muy notable el de proyectos como el de la Chêne Bleu (La Verrière) de Nicole Roulet –la presidenta de la Asociación Grenache Symposium- o Clos de Trias (Le Barroux) d'Even A. Bakke. Al acto de presentación en este hotel y restaurante de la calle Commandant Lemaitre de Châteauneuf-du-Pape de los vinos de Vinyes Domènech, que contó con la colaboración del sumiller norteamericano afincado en la Provenza Kelly McAuliffe, asistieron algunos de los productores más destacados de la afamada zona.


1 comentari:

  1. Fantástico recorrido.Tierra de grandes vinos, de grandes ensamblajes. Mucho que aprender de estas gentes.

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