dimecres, 2 d’octubre de 2013

Retrat a fons a la DO Terra Alta, a Vinos y Restaurantes


En el número d'aquest mes d'octubre de la revista Vinos y Restaurantes signo un ampli reportatge-informe sobre la DO Terra Alta i el seu lent despertar. Què en penseu?

La DO Terra Alta, la eterna promesa


RAMON FRANCÀS

La esperada eclosión de la DO Terra Alta continúa siendo una eterna promesa. Ya decía Horacio que “las muchas promesas disminuyen la confianza”. El lento despertar es, sin embargo, decidido. Si bien la efervescencia de esta denominación de origen de la provincia de Tarragona con un gran patrimonio vitícola ha sido destacada en los últimos años, la Terra Alta no acaba de despuntar. Los grandes grupos vitivinícolas han pasado de largo, por el momento, de esta DO. Solo Roqueta Origen (LaFou Celler) ha decidido apostar de forma decidida con un pequeño proyecto de vinos de alta calidad en Batea, dirigido por Ramon Roqueta, que está levantando el listón. Torres, tras muchas décadas adquiriendo uvas de esta emergente zona, ha empezado a elaborar una garnacha blanca “experimental” amparada por esta DO. Por el momento, aseguran desde Torres, no hay nada más en firme. En una zona con relativamente pocas bodegas, algunos elaboradores verían con buenos ojos la irrupción de grandes grupos como Torres por considerar que contribuirían a una mayor visualización de la Terra Alta. Las cooperativas mantienen un gran peso en la DO Terra Alta pero van abriéndose camino pequeños proyectos como los de Coma d'en Bonet o Edetària en Gandesa, Altavins en Batea o Xavier Clua en Vilalba dels Arcs.
Si bien el Consejo Regulador de la DO Terra Alta no se muestra en su mejor momento, los potenciales de esta zona son importantísimos. Sus singularidades, como ser el máximo productor mundial de la variedad garnacha blanca, también son innegables. Un 43% de les nuevas plantaciones que se han realizado en la zona de producción de la DO Terra Alta son de garnacha blanca, una variedad que ocupa 1.450 hectáreas repartidas en 2.247 parcelas vitícolas (el 85% de toda la producción de Catalunya, el 75% de la española y un tercio de la mundial).
También cuentan con otra variedad autóctona aún más singular, la morenillo, pero incomprensiblemente sigue sin ser recogida por el reglamento de variedades permitidas por el Consejo Regulador de la DO Terra Alta más allá de un carácter ‘experimental’. Eso sí, sí son variedades autorizadas la chenin blanc, la cabernet sauvignon, la cabernet franc o la sauvignon blanc. Pese a ello, según el Consejo Regulador, “las características diferenciadoras de sus vinos son debidas de principalmente a la mediterraneidad de su terruño y al predominio de las variedades de uva tradicionales, recomendadas por el Consejo Regulador y mayoritarias”. Se añade que “la importancia de la garnacha blanca y una cultura específica de entender su elaboración hacen de los vinos blancos elaborados con esta uva los que mejor expresan el terruño y la cultura de la DO Terra Alta”. Se elaboran blancos (incluyendo los típicos ‘brisats’), rosados, tintos, espumosos (poco interesantes hasta la fecha) y hasta 4 tipo de vinos de licor (mistela blanca, mistela tinta, rancio y vino dulce natural). El Consejo Regulador remarca también que las particularidades que se pueden apreciar están claramente marcadas por esa mediterraneidad y, fundamentalmente, son: “el predominio de las variedades tradicionales, más expresión en boca que en nariz y destacable persistencia a la cata”.
            Pese a la emergencia de la DO, cuesta separar de la imagen de los vinos de la Terra Alta los precios excesivamente bajos o los graneles. Seguramente, como reconocen algunos elaboradores como Carmen Ferrer (Bàrbara Forés de Gandesa), la DO Terra Alta “debería creer más en sus posibilidades”.
            Según datos del Consejo Regulador, la producción media de la DO Terra Alta se ha situado en los últimos años entorno a los 35 millones de kilos de uva. Pese a ello, en la cosecha del 2012 la producción solo alcanzó los 28 millones de kilos debido a la sequía y a las condiciones tan extremas de temperatura. También este año ha habido mermas de producción a causa del corrimiento de la flor en la variedad mayoritaria, la garnachas (tanto blanca como tinta). Actualmente hay unas 5.500 hectáreas plantadas inscritas en esta DO y 48 elaboradores, de los cuales 39 son embotelladores. Suma unos 1.400 viticultores y el porcentaje de sus exportaciones se sitúa alrededor del 45-50%.            En la Agrícola Sant Josep de Bot, que ha visto en el enoturismo una clara oportunidad, miran al futuro con esperanzadores, aunque lentos, cambios. Al éxito comercial de sus Llàgrimes de Tardor (blanco, tinto y dulces) han sumado este año las 8.000 botellas vendidas en un santiamén de su Clot d’Encís Blanc de Negres 2012. Pese al éxito comercial, esta cooperativa mantendrá la calidad y la producción en la próxima añada. La Agrícola Sant Josep cuentacon hasta 473 hectáreas de viñedos, 120 socios productores y una producción media anual de 3,5 millones de kilos de uva. El último ejercicio lo cerraron con una facturación de 2.192.076,82 euros. En total la sección de la bodega supone el 59,46% del total de facturación. Agrícola Sant Josep se encuentra en pleno proceso de cambio, y actualmente está trabajando para consolidar una estructura y un sistema de gestión profesional que “permita afrontar el futuro con garantías”.
En relación a la DO Terra Alta, el director de márketing de la bodega Agrícola Sant Josep de Bot, Jaume Martí, cree que “nos encontramos en un momento en que el entorno y el mercado empiezan a ser receptivos a nuestro discurso”. Eso sí, Martí entiende que “hace falta que acompañamos esto con productos que dignifiquen el discurso sin complejos (garnacha, mediterraneidad) y sobre todo con una presencia constante en el mercado y los entornos influyentes”. Esto no excluye, añade,  la posibilidad de seguir haciendo vinos para el consumo cotidiano. En este sentido, “hace falta que reforzamos su valor añadido y no renunciar a seguir haciendo primeras calidades ni que sea sin IG (sin DO)”.
            Una de las bodegas emblema y más tradicionales de la DO Terra Alta es Bàrbara Forés. Siguen invirtiendo para ampliar su patrimonio vitícola, principalmente con viejas vides plantadas en vaso, y están apostando de forma decidida por la investigación para seleccionar levaduras autóctonas. En este proyecto, que se desarrolla en el Parc Tecnològic del Vi de Falset (Vitec), están invirtiendo 12.000 euros.  Incluso se están adentrando en la experimentación con ánforas de barro de la zona fabricadas artesanalmente en Miravet para la elaboración de vinos. Próximamente abordarán nuevas plantaciones de la variedad morenillo. Entre el año pasado y el próximo habrán incrementado sus viñedos plantados en 4 hectáreas. También han anunciado una inversión para electrificar parte de sus viñedos y evitar la devastadora acción de los rebecos y jabalíes. Ya disponen de 21 hectáreas de viñedos propios repartidas en 9 fincas. Cerraron el último ejercicio con una producción de 60.000 botellas y una facturación de 270.000 euros, y esperan cerrar este 2013 alcanzando los 300.000.
            Pero en la Terra Alta, que se está abriendo al enoturismo pese a su lejanía geográfica, no todo es viña y vino. También el aceite está protagonizando un salto de calidad. Bàrbara Forés ha elaborado ya sus primeras botellas, aunque aún sin comercializarlas, mientras irrumpen interesantes nuevos proyectos como el de L’Arlequí, una arbequina 100% de Bot (Mas de l'Estanc). Sus responsables afirman que pretenden “mantener la tradición agraria familiar con el triple propósito de preservar el uso agrario de la finca, cultivar el olivo con técnicas respetuosas con el medio ambiente y conseguir un producto auténtico y de calidad”.

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